
Seguimos en Amigos de Intrategia, y esta vez nos sentamos con toda una saga: Raquel, Marga y Pilar, tres de las hermanas Santos Calviño, el alma de Marga Calviño, un referente de la peluquería en Pontevedra.
Todo empezó en los 70, en un salón que era mitad casa mitad peluquería, fundado por su madre: una mujer pionera que les dejó mucho más que una técnica. Les dejó una empresa y una forma de entender el oficio. De ahí a cuatro salones y cincuenta personas en plantilla.
En esta conversación hablamos de lo difícil (y lo bonito) de trabajar entre hermanos y con las parejas, de cómo pasaron de un oficio artesanal a dirigir una empresa de verdad, de por qué nunca quisieron competir por precio, y de por qué para ellas el servicio no es ser serviciales, sino que el cliente se sienta arropado. Con anécdotas que son oro.
Una historia sobre lo que hace que un salón dure medio siglo: no las manos, sino los valores y la estructura.
- 02:00La peluquería de los 70. El salón que era mitad casa y el aroma a laca y permanente de aquella época.
- 06:42Consolidar el equipo sin dejar de ser familia. Crecer en salones y la selección de personas alineadas con sus valores.
- 09:01Integrar a las parejas en el negocio. Bea y Tocho: convivir y trabajar en pareja dentro de la empresa familiar.
- 13:44La esencia que mantiene viva la marca. El cuidado al cliente como valor por encima de la técnica.
- 16:11El reto de pasar de negocio pequeño a empresa. Un crecimiento grande y rápido, visto desde dentro.
- 17:47Anécdotas de la trastienda. La novia peinada a medias entre dos hermanas un domingo de boda.
- 24:52De oficio a empresa. El momento en que cada una asumió su rol y su departamento.
- 28:45Decidir por datos, no por intuición. Por qué guiarse solo por el instinto es arriesgado cuando hay dinero de por medio.
- 29:59Blindar la marca sin competir por precio. Mantenerse fieles a la calidad frente al low cost.
- 33:36Las 17 inundaciones en un año. Cubos, botas de agua y reírse para poder seguir trabajando.
- 35:51El secreto de la longevidad. Los valores y el servicio, no las modas ni el precio.
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Un negocio de peluquería familiar que dura 50 años: las lecciones de la saga Marga Calviño
Montar un salón es difícil. Mantenerlo medio siglo, y encima en familia, es otra liga. En esta conversación de Amigos de Intrategia, Raquel, Marga y Pilar —tres de las hermanas Santos Calviño— nos abren la trastienda de Marga Calviño, un referente de la peluquería en Pontevedra que arrancó en los años 70 en un salón que era mitad casa, fundado por su madre, y creció hasta cuatro salones y cincuenta personas en plantilla.
Su historia es un manual práctico para cualquiera que dirija (o sueñe con dirigir) un negocio de peluquería familiar: cómo trabajar entre hermanos sin romper la relación, cómo integrar a las parejas en la empresa, cuándo se deja de ser "unas hermanas que trabajan juntas" para ser una organización, y qué hace que una marca dure décadas.
Trabajar en familia en una peluquería: crecer sin dejar de ser familia
Siendo tantos hermanos dedicados al mismo oficio y en el mismo salón, llega un momento en que hay un techo. Su forma de crecer como empresa sin dejar de ser familia fue abrir más salones, para que cada uno tuviera espacio. La clave, cuentan, estuvo en que cada hermano aceptara y defendiera su rol —la parte técnica, la dirección, los recursos humanos— y en respetar las decisiones que cada una tomaba en su departamento. Sin ese reparto claro, la convivencia familiar y la empresa se pisan.
Integrar a la pareja en el negocio familiar
Dos de las hermanas trabajaron junto a sus parejas (Bea y Tocho) dentro de la empresa. Lo que mucha gente ve desde fuera como un problema, ellas lo recuerdan en positivo: fue posible porque había respeto, buen carácter y unos valores compartidos desde el principio. Es un tema que también tocamos, desde otra mirada, en la conversación con Lourdes Crego sobre trabajar en pareja en la peluquería.
De oficio artesanal a empresa: el salto que lo cambia todo
El punto de inflexión llegó en 1984, cuando abrieron el salón de Pontevedra. Ahí dejaron de ser un negocio familiar para convertirse en una empresa, con trabajadores, departamentos y responsabilidades repartidas. Y con una lección que se repite en todo el sector: entender el trabajo técnico de la peluquería no es lo mismo que entender el negocio que hay detrás. Son dos profesiones distintas. Por eso una de las hermanas se formó específicamente en gestión empresarial, algo muy en la línea de lo que trabajamos en el episodio sobre pasar de peluquera a empresaria.
Blindar la marca sin competir por precio
Cuando llegaron las cadenas low cost, muchos salones entraron a competir por precio. Ellas tuvieron claro que no: si ofreces buena calidad, buena atención y una filosofía coherente, no puedes jugártela bajando el precio, porque eso obliga a renunciar a lo que te hace diferente. Su enfoque siempre fue el cliente y el servicio, no la moda del momento. Y decidieron esa estrategia con datos, no por intuición: cuando hay dinero de por medio, guiarse solo por el instinto es un riesgo.
El servicio como esencia: que el cliente se sienta arropado
Lo que más repiten como secreto de su longevidad no es la técnica, sino el cuidado al cliente. Un servicio que no es ser serviciales, sino hacer que la persona se sienta atendida y entendida. Tanto, que hoy tienen clientas de tres generaciones —abuela, madre e hija— en el mismo salón. Ese cuidado se transmite al equipo con el ejemplo diario: de nada sirve querer implantar una filosofía si el equipo no la ve reflejada en quien dirige.
¿Cómo se trabaja en familia en una peluquería sin romper la relación?
Repartiendo roles claros y respetándolos: que cada persona tenga su departamento o su función y que las demás respeten sus decisiones. Poner los valores y la familia por encima de las diferencias de opinión, y separar en lo posible las conversaciones de trabajo de los momentos familiares.
¿Cómo se pasa de un salón familiar a una empresa?
Asumiendo que el trabajo técnico y la gestión del negocio son dos profesiones distintas. Eso implica formarse en la parte empresarial, crear departamentos y responsabilidades, y empezar a decidir con datos y no solo con intuición, sobre todo cuando el negocio crece.
¿Cómo mantiene un salón su clientela durante décadas?
Con un servicio excelente y coherente en el tiempo: cuidar al cliente hasta el detalle, ser honestos aunque a veces incomode, y no entrar en la guerra de precios. Es lo que hace que una clientela vuelva durante generaciones.
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