"Es que yo soy así." Lo decimos sin pensar, y suena inofensivo. Hasta que te das cuenta de todo lo que dejas de intentar por sostener esa frase.
Estrenamos nueva etapa en el podcast con Lois Rebete, psicóloga organizacional. En este primer episodio, una reflexión íntima sobre las palabras con las que nos nombramos: las que elegimos y las que solo heredamos, sin darnos cuenta.
Porque una etiqueta puede ayudarte a entenderte… o convertirse en una jaula que te pones tú misma. La invitación no es dejar de usarlas, sino revisar si las usas para acercarte a ti o para encerrarte en una definición.
- 02:04Cuando una palabra deja de describirte y empieza a explicarte. El problema no es ponerle nombre a lo que sientes, sino cuando esa palabra pasa de describir algo que te ocurre a convertirse en la explicación de todo lo que eres.
- 06:17Clave 1 · ¿Desde dónde me nombro? No es lo mismo decir "soy" que decir "me pasa". ¿Ese "soy inseguro", "soy demasiado", "soy dependiente" lo decidiste tú, o lo escuchaste tantas veces que terminaste creyéndotelo?
- 08:08Clave 2 · ¿Qué función tiene eso que digo de mí? Menos "¿es verdad o mentira?" y más "¿para qué me sirve?". Cuando dices "yo soy así", ¿qué pasa justo después? ¿Te ayuda a entenderte o a retirarte de lo que te incomoda?
- 09:34Clave 3 · ¿Cuánto espacio dejo para contradecirme? Lo humano es ambivalente. Puedes ser segura y sentir miedo, independiente y necesitar a alguien, racional y actuar desde la emoción. La identidad rígida solo da un falso control.
- 11:43Preguntas para construir. No para responder de golpe, sino para acompañarte con el tiempo: qué palabra usas más para definirte, cuándo empezaste a usarla y quién eres cuando no necesitas explicarte.
- Reserva tu plaza gratis en Momentum, el encuentro online del 25 de octubre con Isorna y Begoña.
¿Te ha gustado este episodio?
Suscríbete gratis y te avisamos en cuanto publicamos el siguiente. Déjanos tu nombre y tu correo, y no se te escapará ninguno.
Cómo dejar de definirte por una etiqueta (y no encerrarte en un "yo soy así")
Aprender a dejar de definirte por una etiqueta no significa renunciar a las palabras que usas para entenderte, sino revisar qué haces con ellas. Desde pequeñas vamos recibiendo información sobre quiénes somos (de la familia, del entorno, de lo que escuchamos) y, sin darnos cuenta, muchas de esas palabras se quedan. Algunas las elegimos; otras simplemente las aprendimos ahí. Y hay algo que se nos olvida: cuando crecemos, tenemos la potestad de decidir qué queremos mantener y qué ya no nos representa.
En este episodio, estrenamos una nueva etapa del podcast con Lois Rebete, psicóloga organizacional, alrededor de una pregunta incómoda y liberadora: ¿cuánto de lo que dices que eres lo elegiste tú de verdad?
Cuando una palabra deja de describirte y empieza a explicarte
Poner nombre a lo que sentimos y a cómo actuamos puede ayudarnos muchísimo a entendernos. El problema aparece cuando esa palabra deja de describir algo que nos pasa y se convierte en la explicación de todo lo que somos. Es decir, cuando generalizamos. Vivimos rodeadas de etiquetas disponibles (una sigla, una característica, algo que vimos en redes) y a veces las adoptamos porque nos dan una sensación de control: "ah, esto me pasa, tiene nombre, ya sé quién soy". Pero al hacerlo, corremos el riesgo de reducirnos.
Clave 1: ¿Desde dónde me nombro?
No es lo mismo decir "soy" que decir "me pasa". No es lo mismo reconocer una característica que convertirla en la explicación absoluta de tu manera de funcionar. "Soy insegura", "soy demasiado intensa", "soy dependiente"… ¿Quién decidió ese "soy"? La pregunta es honesta y es solo para ti: ¿lo decidiste tú o lo escuchaste tantas veces que terminaste creyéndotelo? Somos el único juez que puede determinar nuestra propia valía.
Clave 2: ¿Para qué me sirve eso que digo de mí?
Más interesante que preguntarte si algo es verdadero o falso es preguntarte para qué te sirve. Cuando dices "yo soy así", ¿qué ocurre justo después? ¿Te permite comprenderte y comunicarte, o te permite retirarte de una situación que te incomoda? ¿Te acerca a algo que deseas de verdad, o te protege de comprobar si también podrías responder de otra forma? Incluso una definición acertada empieza a limitarnos cuando deja de funcionar como información y empieza a funcionar como sentencia.
Clave 3: ¿Cuánto espacio me dejo para contradecirme?
La incoherencia y la ambivalencia son profundamente humanas. Puedes ser segura y sentir inseguridad, independiente y necesitar a alguien, disciplinada y tener momentos de absoluto desorden, racional y actuar desde la emoción. Reconocerte de una manera durante años y descubrirte hoy siendo otra no es un fallo: es estar viva. Lo que nos incomoda es soltar esa identidad rígida que, más que darnos continuidad, nos da un falso control. La pregunta que lo abre todo: ¿me permito sorprenderme a mí misma?
Preguntas para llevarte contigo esta semana
Lois propone no responderlas de golpe, sino dejar que trabajen con el tiempo: ¿qué palabra usas con más frecuencia para definirte y cuándo empezaste a usarla? ¿Qué cosas has dejado de intentar por un "es que yo no soy así"? ¿Quién eres cuando no necesitas explicarte? Y una para dejar en reposo: si durante los próximos días no pudieras usar ninguna de las palabras con las que sueles definirte, ¿cómo explicarías quién eres?
¿Por qué nos definimos con etiquetas?
Porque nombrar lo que nos pasa reduce la incertidumbre y nos da una sensación de control y de pertenencia. Una etiqueta ordena el caos y nos ayuda a comunicarnos. El problema no es usarlas, sino dejar de revisarlas y permitir que pasen de ser una herramienta a ser una sentencia.
¿Las etiquetas son malas?
No. Una palabra puede acercarte a ti y ayudarte a entenderte mejor. La diferencia está en el uso: si la empleas como información que te sirve, suma; si la empleas como jaula que justifica lo que evitas o dejas de intentar, resta. La misma etiqueta puede hacer las dos cosas según desde dónde la uses.
¿Cómo saber si una etiqueta me limita?
Observa qué aparece y qué desaparece después de decirla. Si al nombrarte se abren posibilidades, te comunicas mejor y te acercas a lo que deseas, te está sirviendo. Si en cambio empiezas a evitar, a justificar o a dejar de explorar, probablemente haya dejado de describirte para empezar a encerrarte.
Si quieres seguir tirando de este hilo, este cambio de mirada conecta con el que trabajamos en el episodio sobre el salto mental de peluquera a empresaria: muchas veces, quien más nos limita es la versión anterior de nosotras mismas.
